La trampa de la autoestima básica o cómo acceder al siguiente nivel.

En mi opinión, cuando nos trabajamos en nuestra autoestima, por favor, no perdamos la oportunidad de entregarla al Mundo, en el siguiente nivel.


Pues el hábito de la autoestima básico, aparentemente sano, puede ofrecernos también una ceguera sobre el resto de Seres, considerándonos a nosotros mismos como el más importante.


Muchos procesos se centran en el propio dolor y sufrimiento, en las heridas emocionales de infancia y adolescencia, en las relaciones tóxicas y en patrones de conducta que ya no nos sirven, para lidiar con los conflictos y las perturbaciones que generamos por las conductas de otras personas.


Y establecen un periodo necesario de alejamiento de lo que o de quién nos genera conflicto, para poder centrarse en el dolor generado dentro de uno mismo.


Esto hace que observemos cómo nos sentimos y cómo nos duele, priorizando del resto.


Y ahí enfocamos en la intensidad de nuestras emociones, respecto de las de los demás, esa separación entre el yo y el tú y lo demás… dejando ser a otros y centrándome en mí y en lo que siento. Dejo de ver a los demás para centrarme en mí.


Esto es necesario como el animal que se refugia en la cueva para sanar sus heridas o como el cuento del águila y la necesidad de soledad para su transformación.


Y, en el mejor de los casos, que esta transformación se produzca,


¿Después qué?


Algunos podemos activar mecanismos de bloqueo a los que nos han hecho daño, dejamos de hacernos responsables de las emociones de todo el mundo, de relacionarnos cercanamente con los demás para evitar volver a sufrir de nuevo, nuestra vida ahora es más importante, no queremos estar rodeados de personas que nos restan, que no persiguen nuestros mismos sueños, de personas que no piensan como nosotros ni tienen nuestros mismos valores y las queremos lejos de nosotros para protegernos, etc.


¡Los otros son los otros, y nosotros ya tenemos bastante con resolver lo nuestro en nuestro objetivo de crecer, desarrollarnos, prosperar y evolucionar!


La cuestión es que esto nos aísla aún más, enfocando en una meta obsesiva de evolución, de desarrollo del don y de los talentos, dejando atrás a aquellos que creemos que no nos ayudan con ello.


Pero, digo yo que no estamos hechos para transformarnos y seguir separados del resto, indiferentes al resto, pues somos seres sociales e interdependientes unos de otros.


Vuelve a leer lo del principio.


Realmente, la parte bionegativa de la autoestima justamente es esta separación de los demás, y de nuevo caer en la dualidad y tener la ceguera de no ver el sufrimiento de los demás, donde de nuevo el «yo» se vuelve más importante, aparentemente cubierto de la capa de la autoestima, de lo saludable, de lo sano, de lo superior, de lo espiritual incluso, por encima de la «condición mundana e ignorante del resto».


Por tanto, este hábito surge de una ignorancia profunda que sigue viendo la separación y, en la apariencia de lo sano, de lo bueno para nosotros, continúa con esta creencia cuando ya hemos sido transformados a raíz de nuestro dolor.


Todos queremos lo mismo, todos queremos la felicidad, nadie queremos sufrir, y la ignorancia es llegar a descubrir esto y seguir ignorándolo por la creencia del trabajo de una autoestima sana, que me concede el privilegio de creerme más importante que el resto y hacer esto como un hábito «saludable» de autocuidado.


Pero los demás están ahí y necesitan la misma amabilidad saludable, el mismo reconocimiento de querer ser felices y aliviar su sufrimiento, incluidos quiénes nos generaban conflicto, quiénes nos perturbaban y quiénes considerábamos tóxicos, porque ahora ya no nos afectan.


¿Esto sería quizá llegar al estado de una Mente Pura, de la sabiduría, del entendimiento, de la realización? ¿Cómo podría dejar este aferramiento a dar más importancia a mi propio sufrimiento que al de los demás?¿Cómo puedo dejar esta dualidad entre el yo y los otros?


Hay un momento en el proceso biopositivo de la autoestima en el que llegamos a cultivar nuestra excelencia, en un estado en el que dejamos de perturbarnos y generarnos conflicto con la conducta externa y activamos la mirada inocente y pura de la realidad.


Esta excelencia entrena la verdadera equidad entre yo y los otros:


Hacia dentro,
sentimos la equidad entre nosotros y los demás,
que no somos más importantes que los demás,
ni los demás son menos importantes que nosotros,
no somos una excepción en el mundo, los demás tampoco,
todos estamos en el mismo océano nadando,
y todos queremos aliviar nuestro sufrimiento.
Y de esta forma, reconocemos nuestro sufrimiento y el de los demás,


Hacia fuera,
reconocemos que nosotros queremos la felicidad y el resto de Seres también quieren ser felices,
el deseo que tenemos y que tenemos todos de ser felices,
es el reconocimiento de esto y la generación de los buenos deseos para que todos podamos ser felices, tener salud y bienestar, sabiduría, paz…
todo lo que deseamos para nosotros, lo deseamos para los demás.


Realmente se supera el sufrimiento, mirando hacia los demás y agradeciendo lo que somos, tenemos y hacemos.


Alquimizamos lo vivido, lo transformamos en algo productivo, en algo excelente, en una cualidad pura, y con ello lo honramos a la vida, devolviéndolo con el mejor envoltorio, sabiendo que en cualquier momento podemos irnos y que no hay nada garantizado más que nuestras acciones y su resultado.


Sólo tenemos lo que podemos dar, a nosotros mismos y a los demás, intentando no generar grandes problemas, no interferir ni estorbar, pero sí comprendiendo, siendo y estando en presencia del otro.


¿Para qué estoy aquí, con respecto al otro?
¿Qué puedo aportar a la vida y a los demás?


Mirar al otro nos obliga a salir de nosotros y vestir el presente con nuestra frescura, amabilidad, dulzura, compasión, serenidad, benignidad, alegría.


Todas nuestras acciones tienen resonancia y múltiples dimensiones: salen de dentro hacia fuera, desde dónde hago lo que hago, para qué hago lo que hago, cómo hago lo que hago, para quién está destinado lo que hago, con quién hago lo que hago.. en sincronicidad y en coherencia cardíaca de dentro hacia fuera, sin obviar dentro, sin obviar fuera.

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